Te lavas los dientes, escupes y ves sangre en el lavabo. Es algo que le pasa a muchísima gente, y casi todo el mundo piensa lo mismo: "será que me he cepillado fuerte". Pero conviene saber una cosa desde el principio: unas encías sanas no sangran. Si las tuyas sangran al cepillarte o al usar el hilo dental, tu cuerpo te está avisando de que algo no va del todo bien.
La buena noticia es que, en la gran mayoría de los casos, tiene solución sencilla si se coge a tiempo. Te explicamos por qué ocurre y qué puedes hacer.
La causa más frecuente: la gingivitis
Durante el día, las bacterias y los restos de comida forman una capa pegajosa sobre los dientes que se llama placa bacteriana. Si esa placa no se elimina bien con el cepillado, se acumula justo en el borde de la encía y la irrita. La encía se inflama, se pone más roja de lo normal y sangra con facilidad al menor roce. A eso se le llama gingivitis.
Es la primera fase de la enfermedad de las encías y es muy común. Lo importante de la gingivitis es que es reversible: una vez que se eliminan los depósitos de placa y sarro, la encía se desinflama, deja de doler y de sangrar, y vuelve a su estado sano. Pero si no se trata, puede avanzar.
Si la gingivitis no se trata, puede convertirse en periodontitis, que ya afecta al hueso que sujeta el diente y puede llegar a provocar movilidad y pérdida de dientes. Por eso conviene actuar pronto, cuando todavía es reversible.
Otras causas posibles
La placa es la causa número uno, pero no la única. El sangrado también puede deberse o agravarse por:
- Cepillado demasiado fuerte o cepillo de cerdas duras: en lugar de limpiar mejor, dañan la encía. Mejor un cepillo de cerdas suaves y una técnica correcta.
- Mala técnica con el hilo dental: usado de forma brusca puede crear pequeñas heridas. El hilo debe deslizarse con suavidad.
- Cambios hormonales: el embarazo es una causa muy frecuente de encías sensibles y sangrantes (la llamada gingivitis del embarazo), igual que la menopausia o algunos anticonceptivos.
- Tabaco: ojo con esto, porque es engañoso. El tabaco reduce el sangrado y puede enmascarar una enfermedad de encías que sigue avanzando por debajo.
- Diabetes y otras enfermedades: hacen a las encías más vulnerables a la inflamación.
- Estrés: baja las defensas y favorece que las bacterias colonicen la boca.
- Prótesis o dentaduras mal ajustadas: el roce constante irrita la encía.
¿Cuándo debo preocuparme?
Si un día concreto te cepillas con prisa y con más fuerza, un pequeño sangrado puntual no es alarmante. Lo que sí merece una visita al dentista es cuando aparecen estas señales:
- El sangrado es diario o muy frecuente.
- Las encías están rojas, hinchadas o sensibles.
- Tienes mal aliento persistente.
- Notas que algún diente se mueve o que la encía se ha "retirado".
- El sangrado dura más de una semana.
Importante: esta información es orientativa y no sustituye a una revisión profesional. Solo un dentista puede valorar tu caso y, con una simple exploración, descartar que haya algo más serio detrás.
¿Cómo se soluciona?
El tratamiento depende de en qué fase esté, pero el camino suele ser este:
1. Una buena limpieza profesional
El sarro adherido no se quita con el cepillo en casa, por mucho que te esfuerces: hace falta una limpieza dental profesional para eliminarlo. En muchos casos de gingivitis, con esto y mejorar la higiene en casa, las encías se recuperan por completo.
2. Mejorar la técnica en casa
Cepillado suave dos veces al día, hilo dental o cepillos interdentales, y revisar que lo estás haciendo bien. A veces el problema no es cuánto te cepillas, sino cómo.
3. Tratamiento de encías si ya hay periodontitis
Si la cosa ha avanzado, puede ser necesario un tratamiento más profundo (raspados y curetajes por debajo de la encía) para frenar la enfermedad y conservar tus dientes.
Lo más sensato, en cualquier caso, es no esperar a ver si se pasa solo. Cuanto antes se valore, más fácil y más barato es resolverlo.
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