Ponerse un implante es una inversión, y es normal querer saber cuánto te va a durar antes de dar el paso. En internet encontrarás de todo: que duran toda la vida, que se rompen, que hay que cambiarlos cada pocos años… Vamos a aclararlo con datos reales y sin exagerar.
La respuesta corta
Un implante dental tiene dos partes, y conviene separarlas porque duran cosas distintas:
- El implante en sí (el "tornillo" de titanio que va dentro del hueso): una vez integrado, puede durar décadas, e incluso toda la vida con buenos cuidados. El titanio se fusiona con el hueso en un proceso llamado osteointegración y se queda ahí.
- La corona (el diente visible que va encima): tiene una vida algo más corta y suele renovarse pasados unos 10 a 15 años por desgaste natural, igual que se desgasta cualquier cosa que usamos a diario para masticar.
De forma orientativa, los estudios sitúan la supervivencia de un implante bien colocado en torno al 95-98% a los 10 años. En la práctica, con buen mantenimiento, no es raro ver implantes estables durante 20, 25 años o más.
Dicho de forma sencilla: el implante puede acompañarte toda la vida, y la corona de encima es lo único que probablemente cambiarás una vez con los años. Es una de las soluciones más duraderas de toda la odontología.
¿De qué depende que dure más o menos?
Aquí está lo importante, porque la duración no es fija: depende en gran parte de ti. Estos son los factores que más influyen:
- La higiene diaria: el factor número uno. Un implante no tiene caries, pero la encía y el hueso de alrededor sí pueden inflamarse e infectarse (lo que se llama periimplantitis) si se acumula placa.
- Las revisiones periódicas: permiten detectar a tiempo cualquier cambio antes de que sea un problema. Una revisión y limpieza cada seis meses alarga muchísimo la vida del implante.
- El tabaco: es uno de los enemigos más documentados. Reduce el riego sanguíneo de la encía, dificulta la cicatrización y aumenta el riesgo de complicaciones.
- La salud general: enfermedades como la diabetes mal controlada o la osteoporosis pueden influir en la integración y el mantenimiento.
- El bruxismo (apretar o rechinar): somete al implante y a la corona a más esfuerzo. A veces se soluciona con una férula de descarga.
- Una buena colocación inicial: la planificación y la técnica con la que se coloca marcan el punto de partida.
¿Y de qué depende el precio?
Esta es la otra gran pregunta, y la respuesta honesta es que el precio depende de cada caso, por eso desconfía de quien te da una cifra cerrada sin haberte visto. Lo que hace variar el presupuesto es:
- Si necesitas o no injerto de hueso previo (cuando falta hueso de soporte).
- El tipo de corona que se coloque encima.
- La zona y la complejidad del caso.
- El número de piezas a reponer.
Lo razonable es hacer una valoración, ver tu caso con un escáner y darte un presupuesto exacto y por escrito, sin sorpresas. Y recuerda que en Faycan los implantes son financiables sin intereses, así que la inversión se reparte en cómodas cuotas.
Importante: esta información es orientativa y no sustituye a una valoración profesional. El pronóstico, la indicación y el mantenimiento de un implante dependen de la exploración clínica y los antecedentes de cada paciente.
En resumen
Un implante dental es una de las inversiones más rentables que puedes hacer por tu boca: bien cuidado, te puede durar el resto de tu vida. La clave para que así sea está más en el mantenimiento (higiene, revisiones, no fumar) que en el propio implante. Y el precio, lo justo es conocerlo tras una valoración real de tu caso.
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